El Tiempo en León

sábado, 23 de mayo de 2015

ruta 19. curso 2º . Las Tres Marías (pico de María de los Corros).




RUTA 19 - 2º Curso 

PICO DE  Mª de los CORROS  
(Las Tres Marías)
Fecha: 23- 5-2015

Componentes de la expedición:
Mariví, Antonio, (la perrita Blacky), Goyo, Elisa, M. Ángel, Mª Eugenia, Julio, Nicoleta y C. Felipe.
  

          
         Con un emergente  sol primaveral y un resplandeciente verdor  engalanando los árboles y  los  prados, dejamos los coches en el pueblo de Casares de Arbás, escoltado por tres ingentes  crestas, en la cara norte y, en la parte sur, acariciado por las plácidas aguas del pantano.




         Con el frescor de la mañana, iniciamos la subida a  La Peña María de los Corros,  una de las Tres Marías, dejando para otra ocasión los otros dos pináculos. Tomamos primeramente el camino que sale al norte.




          
        Caminando por la verde  alfombra  tamizada  de flores amarillas ascendimos pausadamente hasta que nos situamos en línea con el cordal de las Tres Marías. A la izquierda nos observaba, desafiante,  el  rocoso Palero al que miramos con desconfianza, pero, rodeándolo, nos adentramos en un fértil y verde valle salpicado de algún nostálgico nevero que recorrimos charlando animadamente.




         Mª Eugenia, Nicoleta y Julio seguían el exigente ritmo marcado, unas veces, por Elisa, otras, por M. Ángel, en nada se le notaba el  largo periodo de descanso.




          
         Cuando llegamos a lo alto del valle, tras un breve descanso para beber agua y tomar fuerzas, giramos a la izquierda y ascendimos, cada uno a su ritmo, el cordal que nos llevaría a la cumbre.




         A las faldas de la cumbre, mientras unos hacíamos un breve receso para reponer fuerzas,  los impacientes Mariví, Elisa y Goyo caminaron hacia el Oeste para alcanzar, en poco tiempo, la  cumbre de Peña Esquina o Peña del Ortigal.





         A su regreso, con fuerzas renovadas, continuamos la ascensión y  alcanzamos  la cumbre de Peña Mª de los Corros (1971 m.).




             

         Desde el pico pudimos disfrutar de un espléndido paisaje, divisamos Las Peñas Ubiñas, El Cibernal, La Barragana, El Pedroso, el Fortún, Peña Caballo…. y, en el valle,   a Antonio  que, con paso acompasado, había llegado hasta el final del valle  y, cual semáforo en rojo, nos esperaba en medio de un solitario nevero.   




         
         Después del consabido bocadillo, iniciamos un rápido descenso hasta que nos reunimos con Antonio. Recorrimos nuevamente el valle, llegamos a una cabañita de pastores y, pasando  un cristalino y jovial arroyuelo, comenzamos a caminar  por una arcillosa y transitada pista que nos condujo al pueblo de Casares.




         Luego de asearnos en la fuente y contemplar la restaurada iglesia, nos dirigimos a Pobladura de la Tercia donde  M. Ángel, el eficiente, había reservado la comida en  la Posada “El embrujo”.




          Después de tomarnos una fresca cerveza con unas sabrosas aceitunas en el rústico y coqueto patio de la posada, saboreamos  y disfrutamos del exquisito y abundante menú de la casa:

         Ensalada de fresas, aguacate y manzana, Cecina con queso y frutos secos, Champiñones rellenos con maíz y bacon. Hojaldre de ternera con verduras y crema de yogur.,  Merluza rellena de gambas con salsa americana. Variedad de postres caseros y café de puchero.



            Todo un lujo. ¡Lástima que a M. Ángel se le haya encogido el estómago  y  no acompañase a Julio en la aventura de acabar la pitanza¡

  



         Para finalizar el día, visita en el Alto de Aralla, al  “monumento a la dignidad”  erigido en memoria de las víctimas de la Guerra Civil y la posguerra,  personificado en el capitán Rodríguez Lozano, abuelo de José Luís Rodríguez Zapatero  y fusilado en 1936.




            Con el fin de remediar las calorías cogidas en  la comida, un pausado paseo hasta el cueto donde están colocadas las antenas de telefonía. Parecía que estaban cerca y la subida era leve, pero el “paseíllo” supuso una hora de subida y media de bajada.



         ¡Comienzan las propinas de la tarde¡

 C. Felipe

sábado, 9 de mayo de 2015

ruta 18. Curso 2º. Pico de Braña Caballo.




RUTA 18 - 2º Curso. 

PICO DE  BRAÑA CABALLO

Fecha: 9- 5-2015

Componentes de la expedición:
Mariví, Antonio, (la perrita Blacky), Goyo, Elisa, M. Ángel, Queti, Ángel , Ordás y C. Felipe.



         
     


         Con un radiante sol primaveral y un exuberante verdor  emergiendo a borbotones de los árboles y de los sotos, iniciamos la subida a Braña Caballo en el pequeño pueblo de Millaró. 


Dejamos, a la izquierda,  las rosadas piedras de la aislada iglesia descansando en la verde  colina y comenzamos a caminar por un pindio camino carretero que  nos acercó a un apacible rebaño de vacas que, hartas de pastar, curiosas nos contemplaban marchar.
  

         Después de ascender a ritmo de Antonio, en esta ocasión más suave del habitual, un buen trecho, nos animó a volar por nuestra cuenta y hacer una primera incursión por entre las escobas y arbustos que bordeaban un pequeño arroyo. Así lo hicimos, intentando ganar tiempo y acortar el recorrido, aunque de poco nos sirvió porque a los 20 minutos nos volvimos a encontrar con él y la Blacky, que habían subido cómodamente,  por otro camino.



         Asentados de nuevo en el cómodo sendero, continuamos a buen ritmo la subida. Blacky aprovechó el encuentro para unirse al grupo más numeroso y dejar solo a Antonio que, con paso más tranquilo, seguía nuestra estela.



         Cuando llegamos a media ladera, encontramos un abrevadero y una bifurcación de caminos, tomamos el de la derecha y seguimos subiendo. Cuando Mariví dio la orden, abandonamos el camino y emprendimos la subida monte a través. Pero Antonio, desde la distancia  vigilaba nuestro recorrido y,  con una llamada de teléfono, nos aconsejó virar a la izquierda  para sortear un nevero  con el que nos íbamos a topar.



          En un principio, como dóciles discípulos,  hicimos caso a Mariví, pero pronto surgieron las discrepancias. Unos  que si ¡ cómo vamos a bajar  y perder altura ahora con lo que nos ha costado, ¡ otros que si ¡esta maraña de escobas es infranqueable ¡…… El caso es que el grupo se diseminó.



          Ordás continuó la subida de frente, él no tenía miedo a atravesar el nevero.

        

          Mariví, Goyo, M. Ángel, Ángel y Felipe  recorrieron transversalmente la montaña hasta que juzgaron que ya  habían sorteado el nevero e iniciaron de nuevo la subida. No sin dificultad porque una lengüeta de movediza arenisca, exenta de vegetación, dificultaba, en gran  medida, la ascensión. Felipe tuvo que arrastrar, pendiente abajo, su mullido trasero e iniciar la subida por una senda rocosa alternativa.



       


 Las "hermanísimas" , Elisa y Queti, hicieron caso a Antonio, descendieron y, siguiendo el camino de la izquierda de la bifurcación, ascendieron sin mayor dificultad y llegaron las primeras hasta la cumbre; lo de la compenetración funcionó esta vez.



         

 
         Los demás, siguiendo caminos diferentes,  se reunieron de nuevo  y, a pesar de los esfuerzos por librarse de los helados neveros, no lo consiguieron. Cerca de la cumbre se encontraron con una lengüeta transversal de nieve  helada que había que atravesar si… o si…, si se quería continuar.



         Con decisión y pisando con fuerza para que las botas no se deslizaran, consumaron con éxito la excitante y arriesgada aventura.  Solo Ángel, al que se le apareció "la Parca del Peñacorada", se negó a arriesgar el pellejo  atravesando la mácula blanca. Aunque había superado lo más difícil, decidió no subir a la cumbre que se encontraba a 200 m y buscar, en solitario,  un  camino cómodo de bajada, el mismo que Elisa y Quety habían utilizado para la subida.



         ¡Cuánto echamos de menos, Ángel, las fotos de tu móvil en la cumbre... ¡ 







         Satisfechos de la gesta lograda, aunque añorando la seguridad y el control  de nuestro guía Antonio, mientras reponíamos fuerzas comiendo el bocadillo, disfrutamos del excelso paisaje que desde la cumbre se divisaba:



          Las Ubiñas, Peña Laza, Las Tres Marías, el Correcillas, el Brañilín… Al Este, el Espigüete. Al Norte, Los Picos de Europa….. Abajo, en el valle los pueblos de Villamanín, Busdongo…



         Siguiendo las instrucciones de nuestro  lejano guía, hicimos un descenso fácil y rápido por la cara sur hasta encontrarnos con él que nos esperaba en el camino cerca del chozo del ganado.



         Ya relajados, reímos y disfrutamos de la animada conversación  que  no tuvimos en la subida.



Atravesando prados, para acortar la distancia, llegamos a Millaró donde esperábamos encontrar a Ángel. Allí, sentado a la sombra de un esbelto árbol, nos esperaba  con la bota en la mano y una sonora sonrisa que rivalizaba con el susurro del contiguo río.



         Eran ya las 14:45 horas, así que tuvimos tiempo de asearnos  un poco en las aguas del río y de los arroyos cercanos, y marcharnos al  “Maragato” de Busdongo a disfrutar  con el aperitivo de chorizo,  queso, pan  y fría cerveza.



         A las 15:15 horas subimos a los coches y nos dirigimos a comer a casa “Senen” que, como siempre, nos atendió estupendamente.



         Café  y charla en “Venta la Tuerta” y despedida hasta el día 23 que haremos la “jornada de reflexión” y  una  rogativa por el PP, subiendo al Pico María de los Corros (1971 m). Esperamos que nuestro “ángel custodio” nos pueda acompañar  y guiar por el valle hasta iniciar la subida.


C.Felipe


 

sábado, 18 de abril de 2015

ruta 17. Curso 2º . Faedo de Ciñera-Coladilla



RUTA 17- 2º Curso. 

 FAEDO DE CIÑERA - COLADILLA

Fecha: 18-04-2015

Componentes de la expedición:
 Mariví, Goyo, Elisa, Miguel Ángel, Queti y César Felipe.


  
          Aburridos del largo periodo de descanso y  rehechos del susto que, el 21 de marzo, le dio  a Antonio el corazón y con él a todos, ¡ ojalá, para su bien y para la alegría de todos,  la recuperación sea rápida¡ ,continuamos con nuestro acostumbrado periplo del fin de semana.



          Después de normalizar los descuidados bastones de Mariví, a la luz  del tibio sol de la mañana primaveral que nos saludaba, comenzamos la marcha en Ciñera.



       




         Recorrimos el hayedo, aún desnudo, paseando  por la  entablada y cómoda senda que discurre a la vera del serpenteante arroyo que atraviesan coquetos puentes.

 

        



         La primavera comenzaba  a despertar. El verdor de  las  recién nacidas hojas de los  arbustos  que escoltaban el sendero y el terciopelo verdoso que cubría los troncos de las hayas contrastaban con la desnudez de sus sarmentosos brazos y con el  ocre de las antiguas hojas caídas  a las orillas de la senda.

         



A contracorriente de la cantarina y caudalosa torrentera, el camino se  fue empinando y nos  condujo a la “Foz de Villar”.  Con esfuerzo, las vacaciones habían hecho mella, desafiamos la pendiente y  los ásperos peñascos y, sorteando los incómodos matojos, recorrimos el escarpado paraje  y llegamos al solitario pueblo de Villar del Puerto.



Después de un breve recorrido por la carretera, torcimos a la izquierda  y comenzamos a subir  por un camino expedito. El terreno era conocido porque lo habíamos recorrido el año pasado. Sin embargo añorábamos las precisas indicaciones de nuestro  apreciado guía Antonio, aunque  Mariví lo suplía  sabiamente.

 

Seguimos la senda  por la margen derecha del arroyo y, después de una hora de camino,  remontamos, a la derecha, un  pequeño  montículo y descendimos al verde valle que nos llevaría hasta el pueblo de Valporquero.



En el fresco y verde valle,  salpicado de amarillentas campanillas, tropezamos, para sorpresa de todos, con Antonio y Blacky que, impacientes, habían salido, paseando,  a nuestro encuentro.





Aprovechando el momento del feliz encuentro, nos paramos a descansar, departir y comer el bocadillo. Como el cielo empezaba a enfurruñarse, emprendimos pronto la marcha  en dirección al coche  de Antonio, aparcado en un camino, y, desde allí, a  Valporquero.







Oscuros nubarrones ensombrecieron el cielo y ocultaron el sol y, cuando alcanzábamos el pueblo de Valporquero,  nos recibió una pasajera y  suave granizada que nos hizo buscar refugio  debajo de un frondoso pino.



 
Finalizada la tormenta, emprendimos camino en dirección a Vegacervera. Después de remontar  escarpados vericuetos, hallamos el sendero que habíamos recorrido el año pasado en sentido contrario.



Sorteando los constantes zig-zags que el camino va dando, nos  fuimos acercamos a los montes llamados de "Los sierros negros".



         Caminamos, cómodamente, por el silencioso valle en busca de la bifurcación del sendero que nos conduciría a Coladilla. En un momento dado y sin previo aviso, el impaciente Felipe dejó el grupo y se adentró, solitario, en el robledal, buscando un atajo. Procuró no perder de vista a sus compañeros, pero  los matorrales y los montículos los ocultaron. Los perdió de vista y tuvo que continuar solo el resto del camino. No le importó mucho después de  que logró contactar con sus compañeros para avisar que no estaba perdido. El elocuente silencio del bosque y el acompasado cascabeleo de las esquilas del ganado lo entretuvieron….



         Hacia las dos y media el camino condujo al grupo al pueblo de Valle  de Vegacervera y, un poco más tarde, el mismo camino condujo al  transeúnte solitario al mismo lugar.          



 Caminando por la carretera, llegamos a Coladilla.



Después de beber  una merecida cerveza, nos sentamos  a disfrutar de un sabroso y abundante cocido  en el  restaurante “La Rinconada” en compañía de  Antonio y Lola, a los que agradecimos  su afable compañía.




 

Café de despedida en la “Copona”  y  preparación de la próxima salida que será a  Braña Caballo.  ¡Que el tiempo nos acompañe¡




C. Felipe

sábado, 14 de marzo de 2015

ruta 16. Curso 2º. Las Xanas



RUTA 16 - 2º Curso.

LAS XANAS

Fecha: 14-3-2015

Componentes de la expedición:
Antonio,  Mariví,  Elisa,  Goyo, M. Ángel,  C. Felipe,  Queti, Mª Eugenia, Ángel, Ana Isabel, Julio y Nicole.

           

          Como la nieve caída aún tapaba y hacía inaccesibles los senderos de la montaña leonesa, aprovechamos la ocasión para hacer una incursión por la vecina región de Asturias.

         Madrugamos y franqueamos el hermoso puerto de Pajares con la típica neblina resguardando las rocosas crestas de las cumbres y una fina lluvia humedeciendo el negro asfalto. Admirando el nuevo y lujoso auto de Ángel y disfrutando con sus explicaciones y con la información que nos deparaba su fascinante navegador, llegamos a Campomanes donde tomamos el matutino café y degustamos unos sabrosos dulces que alguien de la comitiva aportó.

         Con rumbo seguro ya que  seguíamos el coche de Antonio, llegamos a Oviedo y, cogiendo la dirección a Grado, nos dirigimos hacia Trubia donde giramos a la izquierda y, siguiendo el valle del río Trubia, desembocamos en el parque y zona recreativa de las Xanas.

            Sobre las diez horas iniciamos el recorrido  del magnífico desfiladero de las Xanas, hadas que  habitan en los ríos y fuentes de esta hermosa región, que se encuentra en el corazón de Asturias y que fue declarado Monumento Natural por el Principado de Asturias en el 2002.
        
         Se  puede decir que es el hermano pequeño de la Ruta del Cares leonesa, por  la belleza de la senda tallada en la roca, por los túneles y por el interés paisajístico. Es menos exigente  en cuanto a dificultad y la distancia del recorrido es más corta que la Ruta del Cares, unos ocho kilómetros.
  
         Después de un corto paseo por la carretera a Tenebro, giramos a la derecha y subiendo un poco por la senda, atravesamos un túnel labrado en roca viva que nos introduce en el desfiladero formado por el arroyo de las Xanas. Desde allí se ven magníficas postales del pueblo  de Villanueva, sumido en el valle, y del agua cristalina que discurre, al fondo, entre resecas hierbas y desnudos fresnos y avellanos.

         Llaneando por la senda alcanzamos una de las zonas más espectaculares, paseamos por debajo de un arco excavado en la roca caliza a mediados del S. XIX en un intento de mejorar las comunicaciones, por tierra, de Pedroveya, Dosango y Rebolleda con el valle de Trubia. El proyecto resultó fallido pero quedó este hermoso pasadizo protegido con barandillas de cuerda que aprovechamos para la foto.



         Luego encontramos un segundo túnel excavado sobre la roca y que se asoma al acantilado. Seguimos caminando, con el grupo desperdigado,  por una senda fácil y hallamos  una zona boscosa con hayedos, alisos y castañares, aún  desnudos. Las cristalinas aguas del río Viescas mesan sus pies y luego hacen llamativos saltos de agua.



         Los árboles caídos, el esponjoso y verdoso musgo que  viste  a los que se mantienen en pie y el enmarañado ramaje que los rodea, hacen el   lugar adecuado para las fotos.




         Tras cruzar  un puente, el camino se bifurca en dos, aunque ambas opciones que llevan a nuestro destino: Pedroveya.  Nosotros nos dirigimos hacia la derecha. Aquí empieza un repecho más duro, aunque ayudan a superarlo los peldaños de madera colocados a lo largo de la senda. Hacia la mitad de la ascensión hicimos un pequeño descanso para facilitar el reagrupamiento de la comitiva porque Goyo, que encabezaba el grupo, nos había sacado del reposado  ritmo.

         Reagrupados,  seguimos la llamada de los esquilones de las ovejas, ponis  y yeguas  que se solazaban en los verdes prados y alcanzamos la iglesia –ermita de San Antonio en Pedroveya.

        



         Aquí, debajo del tejo centenario, hicimos un descanso para comer el bocadillo, reponer fuerzas y admirar las bonitas estampas que nos mostraban los pueblos de Dosango  y Rebolleda.

 
         Después del descanso, recorrimos el pueblo de Pedroveya  jalonado de hórreos acicalados por doradas trenzas de mazorcas  y casas tradicionales y,  para variar la ruta y hacerla circular, subimos a Dosango. 



  
         Luego continuamos  por la carretera  para, finalmente, coger una pista a la izquierda que, por  entre verdes prados, deshojados árboles y aislados apriscos, nos llevó, al cabo de cuatro horas al lugar en el que iniciamos la ruta. 

         Después de acicalarnos un poco, subimos a los coches y,  siguiendo la Ruta del Oso, nos dirigimos a Teverga.

         En el restaurante “Casa Aladino” saciamos nuestro apetito. Mayormente fabada y cabrito asado o guisado, para poder comparar. Excepto Ana y Nicole  que se ligaron al camarero y le sirvió variedad de ensaladas y platos adornados de marisco.

        
         

         Para finalizar la jornada visita cultural  al paseo de Teverga y a la Colegiata de San Pedro , construida antes del año 1096, y  cuyo estilo es de la transición entre el ramirense y el románico de Castilla. Posee un gran patio central, a cuyos lados podemos divisar la casa abacial, la iglesia parroquial, la sacristía y sobre ésta la sala capitular. La fachada presenta una torre campanario con un reloj.

        Regresamos a casa por el puerto “Ventana” que comunica con S. Emiliano.
A través de las ventanillas del coche, pudimos contemplar espléndidas vistas de la nieve helada bordeando de la carretera, alfombrando los prados y engalanando los desnudos robles.


              
   ¡Bonita y descansada incursión en tierras asturianas¡

Felipe

sábado, 7 de marzo de 2015

ruta 15. Curso 2º . El Gilbo



RUTA 15 - 2º Curso.

PICO “EL GILBO”

Fecha: 7-3-2015

Componentes de la expedición:
Antonio,  Mariví,  Elisa,  Goyo, M. Ángel,  C. Felipe, Queti, Ramón, Mª Eugenia, Mª Luisa, Rocío, Fernando  y  (la perrita Trufa).


          Frustrada  la  pretensión de hacer una “raquetada” ya  que el alquiler de las raquetas fue imposible debido a su inusual demanda, nos dispusimos  a subir “el Gilbo”.  Un pico conocidísimo de Ramón y al que asciende, dando un paseo de dos horas,  casi siempre que viene a su pueblo, Horcadas.



         Con alguna nieve aún a nuestros pies y abundante en las montañas, aunque con un día espléndido de radiante sol primaveral, comenzamos la subida desde Horcadas .



         Después de atravesar las cuidadas y hermosas calles con sus casas de piedra, nos dirigimos, contemplando la nieve amontonada a la vera de las casas, a lo mas alto del pueblo donde altiva, su iglesia del siglo XVI  nos introdujo en una pista de tierra.. La nieve azulada y sucia, unas veces helada, otras   reblandecida, comienza a alfombrar el camino.



         El  camino va ascendiendo escoltado  por pequeños robles por entre cuyas ramas  desnudas asoma el pantano de Riaño.





            A medida que vamos ascendiendo más se acerca nuestro objetivo, el Gilbo, que  se dibuja como un enorme paredón de gris caliza, desnudo y de aspecto amenazador.  A la izquierda  se ven, radiantes  y creando una hermosa estampa, “Las Pintas” (1985 m), a las que ascendimos el otoño pasado  guiados también por Ramón.



         Después de atravesar una  zona de pradería, salpicada de  pequeños robles y  claras rocas, nos encontramos a la falda del murallón rocoso y alargado  que debíamos subir. Hicimos un pequeño receso para tomar aliento, agua y contemplar un espectacular paisaje  de montañas nevadas con el pantano lavando  sus pies.


         Siguiendo a Ramón, que buscaba el camino más fácil y accesible, iniciamos la escalada sorteando rocas y angostos pasadizos. Como las posibilidades de subida eran variadas, la mayoría, siguiendo a Ramón, optó por buscar la ascensión por la izquierda. Felipe, al que últimamente le encanta el riesgo, el silencio y la soledad de la montaña, inició la subida por una pindia canal  por la que Ramón dijo que también se subía.


         Asumiendo el riesgo y sorteando el miedo, trepó Felipe por la estrecha  y humedecida canal. Los bastones estorbaban, así  que los recogió y utilizando sus agarrotadas manos para aferrarse a las rocas trepó lentamente,  olvidándose del mundo, de los compañeros y del miedo, hasta que alcanzó una pequeña zona de descanso cerca del pico.


         El resto de la expedición, después de intentar la subida por la parte izquierda, regresó  a la canal que había tomado Felipe.



          Fernando, Rocío y la Trufa desistieron del intento…., los malditos vértigos de Rocío.


         Con las mismas artimañas que Felipe había utilizado, treparon los demás, ayudados por Ramón y  por los más ágiles, por la angosta canal. De vez en cuando  gritaban:

          -Felipe, Felipe…..Felipe…, pero nadie respondía.


         El miedo a un posible  despeñamiento del compañero acongojó a algunos/as, sobre todo cuando descubrieron huellas de sangre en la clara roca caliza. Menos mal que a uno de los desesperanzados gritos de Elisa contestó una lejana voz:

          -estoy aquí, casi en la cumbre, esperad -contestó Felipe, pensando que sus compañeros/as ya habían llegado.

         -no te muevas de donde estás, espera tú que  nosotros vamos    detrás   -contestó Elisa.


         Ya con más tranquilidad, alcanzaron la zona donde reposaba Felipe y,  después de un respiro para beber agua y sobreponerse al esfuerzo de  la trepada, consumaron la esforzada ascensión al Gilbo.


         Todos/as los que  en el mes de septiembre habían realizado la ascensión a Peña Ubiña  la añoraban, no tuvo nada que ver con la trepada a estos claros riscos…….. 


         ¡Esto es para Ramón y algún otro aventajado¡- dijo Goyo con un entrecortado resuello.


         En la cima, recuperado el aliento, contemplamos maravillosas vistas: todos los recovecos por los que se esconde de agua  verde  y azul del inmenso  pantano, el valle de los Anciles, el pueblo de Riaño, el puente  flotando sobre la inmensidad del agua, los rebecos que en la ladera, desnutridos, esperan la llegada de la primavera….. Mirando   hacia arriba vemos: la blanca silueta del majestuoso Yordas, escondido detrás del rocoso Cueto Cabrón, en  la zona de Riaño hacia Boca de Huérgano y Fuentes Carrionas, totalmente nevada, el  Espigüete, Peña santa de Castilla en los picos de Europa……



         Luego, comimos el bocadillo antes de seguir a Ramón por la estrecha senda que recorre la alargada peña e iniciar el descenso por la vertiente norte.


         La subida  y el reposo en la cumbre habían consumido rápidamente el tiempo, eran las dos y teníamos reservada comida para las tres, así que Ramón inició un descenso que suponía rápido.  No lo fue. Pronto aparecieron amplios neveros helados y muy pindios y hubo que ponerse los “crampones”. La inexperiencia en calzarlos y en andar con ellos retrasó el descenso que para algunos/as fue peligroso y arduo.


         Ramón desesperaba, nunca se había imaginado  que un paseo de dos horas se convertiría en un calvario de seis, menos mal  que había algún aventajado/a que le seguía, como Mª Eugenia que, según Mª Luisa, se ha convertido en  “la joven  gacela de Monteleón”.



         Después de sortear, con dificultad, los neveros y quitar los “crampones”, llegamos a una zona más llana  pero totalmente nevada y con un espeso  de nieve de más de medio metro. El sol de las tres de la tarde calentaba y derretía la nieve. La nieve se reblandecía  y en algunas pisadas el pie se atollaba hasta la ingle y para sacarlo del pozo se necesitaba la ayuda de todos los Santos …


          ¡Que se lo pregunten a Mª Luisa y César Felipe que casi estuvieron a punto de desistir del intento…. y a los que  aún les cantan las rodillas¡  



         Gracias al caluroso y resplandeciente sol primaveral  que levantaba los ánimos, después de atravesar un valle de pastos tapizado de blanco, llegamos a Horcadas a las 16:30 horas.


      Fugaz cambio de ropa y calzado,  completamente empapados por el sudor y la nieve  y  rápido viaje a Riaño  para comer, bueno… para merendar porque eran más de las cinco de la tarde.


         Los embutidos, quesos, ensaladas, fritos…. elevaron los ánimos y no faltaron las bromas….  sugiriendo a Ramón que nos preparase una “raquetada nocturna”   a la luz de la primaveral luna llena.


¡¡¡GRACIAS, RAMÓN, POR TU DISPOSICIÓN Y PACIENCIA, PERO BUSCA COMPIS DE VIAJE MÁS ENTRENADOS Y MENOS VIEJOS¡¡¡¡

C. FELIPE